Los Decretos de Dios


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Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?

Daniel 4:35

El decreto de Dios es su propósito o su determinación respecto a las cosas futuras. Nosotros hablamos como si hubiera habido muchos “posibles futuros” o posibles “que hubiera pasado si…”, porque nuestras mentes sólo pueden pensar en ciclos sucesivos a medida que surgen los pensamientos y ocasiones; o en referencia a los distintos objetos de su decreto, los cuales, siendo muchos, nos parece que requieren un propósito diferente para cada uno, pero el conocimiento Divino no procede gradualmente, o por etapas (Hechos 15:18).

Versículos que hablan sobre el Decreto de Dios

  • Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. (Salmo 2: 7)
  • Conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor (Efesios 3: 11)
  • Éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole (Hechos 2: 23)
  • Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo (Efesios 1: 9)
  • Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. (Romanos 8: 29)
  • Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos (2 Timoteo 1: 9)

El propósito de Dios afecta a todo, grande o pequeño, bueno o malo, aunque debemos afirmar que, si bien Dios es el Ordenador y controlador del pecado, no es su Autor de la misma manera que es el Autor del bien.

Consideremos ahora algunas de las características de los Decretos Divinos:

  1. Eternos: Dios no ignora los acontecimientos futuros que serán ejecutados por voluntad humana; los ha predicho en innumerables ocasiones, y la profecía no es otra cosa que la manifestación de su presencia eterna. Suponer que Dios ejecuta sus decretos conforme a las acciones del hombre, sería suponer que su conocimiento es limitado y que este aumenta con el tiempo, ¡Lo que sería una blasfemia terrible! Nadie que crea que el entendimiento Divino es infinito, abarcando el pasado, presente y futuro, afirmará la doctrina de los decretos temporales.
  2. Sabios: La sabiduría se muestra en la selección de los mejores fines posibles, y de los medios más apropiados para cumplirlos. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. (Romanos 8: 28)
  3. Libres: Cuando Dios dictó sus decretos, estaba solo, y sus determinaciones no se vieron influidas por causa externa alguna. Es preciso atribuir esta libertad a Aquel que es supremo, independiente, y soberano en todas sus acciones. ¿Quién ha escudriñado al Espíritu de Jehová, y quién ha sido su consejero y le ha enseñado? ¿A quién pidió consejo para que le hiciera entender, o le guio en el camino correcto, o le enseñó conocimiento, o le hizo conocer la senda del entendimiento? (Isaías 40:13,14).
  4. Absolutos e Incondicionales. Su ejecución no está supeditada a condición alguna que se pueda o no cumplir. En todos los casos en que Dios ha decretado un fin, ha decretado también todos los medios para dicho fin.

El que decretó la salvación de sus elegidos, decretó también darles la fe, (2Tes. 2:13). “Pero nosotros debemos dar gracias a Dios siempre por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, por la santificación del Espíritu y fe en la verdad” (Isa. 46:10); “Yo anuncio lo porvenir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no ha sido hecho. Digo: Mi plan se realizará, y haré todo lo que quiero”. Pero esto no podría ser así si su consejo dependiese de una condición que pudiera dejar de cumplirse. Dios “hace todas las cosas según el consejo de su voluntad”

Conclusión

Negar los Decretos de Dios sería aceptar un mundo, y todo lo que con él se relaciona, regulado por un accidente sin designio o por destino ciego. Entonces, ¿qué paz, qué seguridad, qué consuelo habría para nuestros pobres corazones y mentes? ¿Qué refugio habría al que acogerse en la hora de la necesidad y la prueba? Ni el más mínimo. No habría cosa mejor que las negras tinieblas y el repugnante horror del ateísmo. Cuán agradecidos deberíamos estar porque todo está determinado por la bondad y sabiduría infinitas.

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