Las responsabilidades de la Iglesia


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Las responsabiliddes de la iglesia en 1 Tesalonicenses 5

1. Velad (5:1-11).

«Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios» (5:6).

a. Por lo que debemos velar: el glorioso retorno de Cristo.

b. Por qué debemos estar esperándolo:

  • Por lo que somos: «Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día…» (5:5). Por el contrario, los no salvos son hijos de la noche y de las tinieblas. Un día el Sol de justicia aparecerá y en sus alas traerá sanidad  (salvación) (Mal. 4:2). Es, por tanto, lógico que los hijos de la luz esperen ese día glorioso.
  • Por causa de aquello de lo que somos liberados: «Porque no nos ha puesto Dios para ira…» (5:9). Esto es tanto una referencia a la ira externa (Jn. 3:36; Col. 3:6) como la de la tribulación (Ap. 6:17; 15:1; 11:18). Pablo empieza y termina su epístola a la iglesia de los Tesalonicenses con esta preciosa promesa. (Cp. 1:9 con 5:9.) Notemos la conclusión del apóstol aquí en 5:10: «Quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.»

2. Ser respetuoso (5:12, 13)

«Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.» (Véanse también 1 P. 5:1-5; He. 13:7-9, 14, 17.)

3. Ser cuidadosos (5:14, 15).

«También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. Mirad que nadie pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.»

a. Que es lo que debían hacer:

  • Amonestar a los ociosos. El término griego aquí es ataktos, que se refiere a soldados que desertan de su unidad.
  • Alentar a los de poco ánimo. Quizá un término mejor aquí es atemorizados.
  • Sostener a los débiles, los inmaduros. (Véase Ro. 14.)

b. Lo que no deben hacer: «Mirad que ninguno pague a otro mal por mal…» (Véanse también Ro. 12:17; 1 P. 3:9.)

4. Estar gozosos (5:16). «Estad siempre gozosos.» Este versículo es el más corto en el Nuevo Testamento griego (y no Jn. 11:35). Es, sin embargo, uno de los más difíciles de guardar.

5. Orar (5:17). «Orad sin cesar.»

6. Ser agradecidos (5:18).

«Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.» (Véanse también Ef. 5:20; Col. 3:17; Fil. 4:6.)

La importancia de este mandamiento no podrá ser nunca enfatizada en exceso. La cura para el orgullo en nuestras vidas no es la práctica de la humildad, porque terminamos volviéndonos orgullosos de nuestra piedad, sino la gratitud. En Romanos capítulo 1 Pablo describe la terrible situación final de la apostasía mundial de los gentiles. El cuadro que pinta es uno de los más escalofriantes de toda la Biblia. ¿Qué crimen tan horrible podría causar todo esto? Veamos su respuesta: «Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias…» (Ro. 1:21).

7. Ser fieles (5:19-28).

a. «No apaguéis al Espíritu» (5:19). El Espíritu Santo es como un fuego. (Véanse Mt. 3:11: Lc. 3:16; Hch. 2:3; Mr. 9:48; He. 11:34.) Apagar el Espíritu es uno de los dos pecados que el creyente puede cometer contra la bendita tercera persona de la Trinidad que mora en nuestros corazones. El otro es contristar (Ef. 4:30). Apagar el Espíritu es no hacer aquello que él quiere que hagamos, mientras que contristarlo es hacer lo que no quiere que hagamos.

b. «No menospreciéis las profecías» (5:20). La iglesia en Tesalónica se había ido aparentemente a un extremo en este asunto, mientras la iglesias de Corinto se fueron más tarde al otro extremo. (Véase 1 Co. 14.)

c. «Examinadlo todo» (5:21a). Oledlo todo, pero no os traguéis cualquier cosa.

d. «Retened lo bueno» (5:21b).

e. «Absteneos de toda especie de mal» (5:22).

Notemos ahora su gran conclusión (5:23-28): «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará. Hermanos, orad por nosotros. Saludad a todos los hermanos con ósculo santo. Os conjuro por el Señor,que esta carta se lea a todos los santos hermanos. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros. Amén.»

Notemos las palabras finales del 5:23: «… para la venida de nuestro Señor Jesucristo.» Pablo termina este capítulo como lo ha hecho con los cuatro anteriores, con una referencia a la Segunda Venida de Cristo. En el primer capítulo (1:10) lo conecta con la salvación; en el segundo (2:19, 20), con el servicio; en el tercero (3:13) con la estabilidad; en el cuarto (4:18) con el dolor; y aquí con la santificación.

Para concluir, Pablo pide que esta epístola sea leída «a todos los santos hermanos» (5:27; véanse también Col. 4:16: 1 Ti. 4:13; Ap. 1:3).

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