La diferencia de los pactos.


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INTÉRPRETE:

Esta sala es como el corazón del hombre que nunca fue santificado por la dulce gracia del Evangelio. El polvo es su pecado original y su corrupción interior que ha contaminado todo el hombre. El que comenzó a barrer al principio es la ley; pero aquella que trajo el agua y roció la sala, es el Evangelio. Y como viste que tan pronto como el primero comenzó a barrer, el polvo se levantó de tal manera que era imposible limpiar la sala y estuviste a punto de sofocarte; esto es para enseñarte que la Ley en lugar, de limpiar el corazón de pecado, lo hace revivir, le da más fuerza y lo aumenta en el alma, por la razón de que la Ley descubre el pecado y lo prohíbe sin poder vencerlo. Y como viste que la moza roció la sala con agua y así se facilitó el barrerla; es para demostrarte que cuando el Evangelio entra en el corazón con sus influencias tan dulces y preciosas, el pecado es vencido y subyugado, y el alma queda limpia por la fe, por tanto, apta para que habite en ella el Rey de Gloria.

Extracto tomado del Progreso del Peregrino.

La Ley fue la primera manera que Dios nos reveló para que nos acercáramos a Él, pero el propósito de la Ley jamás fue quitar el pecado, si no que es un constante auto examen, que siempre exhibiría nuestra necesidad de perdón.

El Antiguo Testamento tenía infinidad de leyes, objetos y rituales, pero todo esto era solo una sombra de lo que habría de venir (Colosenses 2:17) de Cristo Jesús.

Los Pactos no se mezclan entre sí

De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.  — Gálatas 5:4

En la Iglesia de Galicia tenían un problema muy particular, ellos insistían en mezclar la gracia de Dios con los rituales que habían estado cumpliendo durante toda su vida. Pablo en Gálatas 2:16 dice «Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado». En el contexto histórico-cultural, esta es una fuerte exhortación del Apóstol Pablo a Pedro, pues al ellos ser judíos de cepa no podían soltar sus raíces judías, les era difícil soltar siglos de tradición, esto es: la circuncisión, la pascua, ritos sacerdotales, instrumentos, etc… Ellos insistían en mezclar la gracia de Dios con sus costumbres judías.

Cristo es más que suficiente (Hebreos 10:14), por tanto ¿Por qué mezclar costumbres del A.T., con la predicación sana y expositiva de la Palabra de Dios?

Pablo era judío. Era circuncidado al octavo día como lo dictaba la Ley. Era de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; él descubrió que nada de lo hizo como judío le había agregado una pizca a su salvación. Al igual que a Pedro, Pablo también nos exhorta al decirnos que la gracia no solo salva, sino que, sostiene.

La libertad en Cristo no se mantiene por la observancia en la Ley, esto es en la repetición de actos que estaban vinculados al A.T., ya que al hacerlo, nos estamos desligando de la gracia de Cristo, caemos en el error de alejarnos de la gracia, porque estamos mostrando con nuestras acciones que estamos buscando la justificación por medio de las obras de la Ley.

La revelación del A.T. es parcial, momentánea y hasta reducida, no podemos tener plena comunión con el Hijo si se sigue detenido por la infinidad de rituales que engloban toda la Ley.

Mirar el A.T. y escoger cuáles rituales sí y cuales no ejecutar, es seguir mirando a Cristo a través de un velo. «Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.» Santiago 2:10. Seguir obstinadamente realizando solo ciertas normas del A.T. nos convierte en culpables, la misma Ley es clara, se debe cumplir toda la liturgia o se falla, no existe un cumplimiento de la Ley a medias. (Gálatas 5:3)

Antiguo y Nuevo Pacto

No en vano existe una distinción en cada una de nuestras Biblias, sabemos que el A.T. termina con el profeta Malaquías y que el Nuevo Pacto empieza con el Evangelio de Mateo.

El operar y accionar de Dios no depende de lo que nosotros hagamos. Dios no nos escuchará si gritamos más alto, o si alzamos el volumen de la adoración, ni tampoco abrirá los cielos a nosotros si se toca o no el shofar.

Lo más importante y distintivo entre estos 2 pactos, es la fe, unos tenían fe en la Ley, pero esta nunca salvó a nadie, mientras ahora podemos tener fe en Cristo, nuestro Señor. Es necesario comprender que cada pacto tuvo su propósito y por tanto sus diferencias, y por eso importante discernir para no mezclarlos.

Pablo enseñaba que ambos pactos no podían navegar juntos. Cristo ya vino, por tanto no mire atrás, porque aquel pacto no puede heredar con este, recuerde que cuando Sara exigió a Abraham expulsar a Agar e Ismael de la tierra, Dios le dijo a Abraham que escuchara a su mujer. De manera que ahora le pregunto a usted, ¿Bajo que pacto quiere vivir?.

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