Enfermedades y Medicina en el mundo antiguo


  • Compartir Google+

Enfermedades en las Tierras Bíblicas

En la teocracia judía, la medicina estaba en manos de los sacerdotes, y por ello los médicos casi no existían. Los conocimientos anatómicos eran rudimentarios porque los cadáveres se consideraban religiosamente impuros y por tanto intocables, lo cual impedía la disección (Nm 19.13–16). Existen, a pesar de todo, unas pocas referencias bíblicas a la medicina.

Se acostumbraba aplicar vino, aceite, cataplasmas y vendas a las heridas y llagas (Is 1.6; 38.21; Lc 10.34); hasta se conocía una forma primitiva de curar los huesos fracturados (Ez 30.21); las parteras hebreas eran empíricas (Gn 38.27–30; Éx 1.15–21; Ez 16.4, 5). No se tienen datos acerca de médicos profesionales.

En el Antiguo Testamento hay poco lugar para los médicos. Dios es el supremo sanador de su pueblo, el que envía el dolor y la enfermedad como castigo por los pecados. Él exhorta: «Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos … ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador» (Éx 15.26). Si había médicos entre los judíos, brillan por su ausencia en las páginas del Antiguo Testamento (cf. 2 Cr 16.12).

En el Nuevo Testamento no se tiene muy buen concepto de los médicos. Se les consideraba ineficaces (Mc 5.25, 26; Lc 8.43) lo cual engendraba cierto escepticismo entre la gente (Lc 4.23). Sin embargo, se reconoce su actividad positiva y benéfica (Mt 9.12) y Lucas, el único médico cuyo nombre perpetúa la Biblia, es llamado «el médico amado» por San Pablo (Col 4.14).

Perfumes y Aceites para la Unción

Juan 12: Las personas del mundo antiguo dedicaban gran atención al uso de las fragancias, los perfumes y los aceites por varias razones: Ellos estaban intensamente conscientes de la presencia y los poderes provocativos de los olores.

  • Los perfumes tenían una función cosmética y servían como un afrodisíaco (p.ej., Cnt 1:12-13), pero también había una fórmula para el perfume sagrado que debía de ser usado solo por los sacerdotes de Israel y en los objetos del santuario (Éx 30:22-33).
  • Los aceites tenían un propósito higiénico antes de la creación del jabón y del champú (p.ej., ungirse la cabeza con aceite mataba piojos).
  • Los aceites se usaban con fines medicinales. Los médicos griegos regularmente masajeaban a los pacientes y a los atletas con aceite, y Santiago 5:14 recomienda ungir a los enfermos con aceite.
  • Los perfumes y las especias se usaban para propósitos especiales, tal como para embalsamar a los muertos (Jn 19:39-40).
  • La mayoría de los perfumes provenían de plantas. Ejemplos incluyen el incienso, la mirra, el nardo, el azafrán, los áloes y el cálamo. Ya que ninguna de estas especias y fragancias eran autóctonas de la región de la Tierra Santa, tenían que ser importadas de Arabia, Irán, India y otras partes, y por lo tanto estos perfumes eran excesivamente caros, como lo sugiere Juan 12:3-5.

Las enfermedades como castigo por la desobediencia. 

La ley también les enseñó a los israelitas que las enfermedades podían esperarse cuando la ley de Dios era desobedecida. El capítulo 28 de Deuteronomio da una lista de las muchas maldiciones que vendrían sobre el pueblo de Israel por causa de la desobediencia. Entre ellas están las siguientes:

“Y hará volver sobre ti todos los males de Egipto, delante de cuales temiste, y se te pegarán. Asimismo, toda enfermedad y plaga que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la envían sobre ti, hasta que tú seas destruido” (Deut, 28:60, 61).

Las familias de Israel que conocían la Biblia hebrea, tenían la idea de que la salud era un premio por su obediencia, y las enfermedades eran el castigo por la desobediencia.

Ordinariamente los antiguos judíos no acudían a los médicos cuando estaban enfermos. Hay muy pocas referencias a los médicos en los días del Antiguo Testamento. Job menciona la existencia de los tales cuando dice: “Sois todos vosotros médicos nulos” (13:4). El rey Asa fue criticado: “No buscó a Jehová, sino a los médicos” (2 Cron.  16:12). El Profeta Jeremías preguntó: “¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay médico?” (Jer. 8:22).

En todo caso, lo cierto es que en la antigüedad mucha parte de la pretendida «medicina» estaba relacionada con prácticas mágicas; frecuentemente se recurría a los encantamientos, a los amuletos, como en nuestros días hay quien se lanza al péndulo, y al ocultismo, o hacia el hechicero curandero. Fiarse de este tipo de prácticas en lugar de confiar en una intervención divina fue un pecado de Asa (cfr. una actitud similar de Ococías, 2 R. 1:2-4). También sería un error para un cristiano poner más confianza en un médico que en Dios, de quien en último término depende su vida. Pero si el enfermo busca en sumisión la voluntad y ayuda del Señor, no hay nada que vaya en contra de buscar remedios naturales o investigados por el hombre para curar sus dolencias o mitigarlas.

Suscríbete a Más Biblia

Únete a nuestro newslatter para recibir las actualizaciones de nuestro blog.