Apedreamiento de Esteban


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El apedreamiento de Esteban (Hechos 7:54—60).

Su gran sermón hace que los oyentes se llenen de odio diabólico.

  1. Se enfurecieron en sus corazones (7:54).
  2. Les crujieron los dientes (7:54).
  3. Dieron grandes voces (7:57).
  4. Se taparon los oídos (7:57).
  5. Arremetieron a una contra él (7:57). Esta misma expresión se usa acerca de la piara de cerdos que salió del endemoniado y cayó al mar (Mr. 5:13). Podemos ver también su uso en Hechos 9:29.

Todo esto, no obstante, no tuvo efecto sobre Esteban, quien «lleno del Espíritu Santo»:

  1. Puso los ojos en el cielo (7:55).
  2. Vio la gloria de Dios (7:55). Notamos que empezó su sermón con el Dios de la gloria (7:2) y lo terminó con la gloria de Dios.
  3. Vio a Jesús que estaba a la diestra de Dios (7:55). Esteban es el primero de tres hombres en ver a Jesús después de su ascensión. Los otros dos son Pablo (Hch. 9:3-6) y Juan (Ap. 1:10, 12—16). Nota: Esteban vio a Jesús que estaba de pie (parece, según el autor, que ese es el significado aquí) a la diestra de Dios. Esta es la única referencia a esa posición del Salvador (después de su ascensión) hasta que no llegamos al libro de Apocalipsis. En todas las demás descripciones se le presenta sentado. (Véanse Mt. 26:64; Hch. 2:34; Col. 3:1; Ef. 1:20; He. 1:3, 13; 821; 10:12.) Quizá es que nuestro Señor se pone en pie para dar la bienvenida a sus santos al hogar celestial.

Esteban es apedreado por aquella gente sedienta de sangre. Esto no fue un proceso legal sino un linchamiento, porque la ley judía establecía en este tiempo que en los casos de pena capital se requería una segunda vista del juicio al menos un día más tarde. Después de esto tenían que obtener el permiso de la autoridad romana. 

Esteban murió a manos de hombres perversos, como sucedió con su Maestro. 

  1. Oró a Dios, diciendo: «Señor Jesús, recibe mi espíritu» (7:59), como también lo hizo Jesús (Lc. 23:46).
  2. Oró también por sus enemigos: «Señor, no les temes en cuenta este pecado» (7:60), como también lo había hecho Jesús (Lc. 23:34).

Se nos dice que «habiendo dicho esto, durmió» (7:60). Este es la descripción que hace Dios de la muerte de un creyente (Mt. 27:52; Jn. 11:11; Hch. 13:36; 1 Co. 15:18, 20, 51; 1 Ts.4:13-15; 2 P. 3:4).

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