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Alguna vez se hicieron esta pregunta «Señor ¿Cómo sé que estoy haciendo un ayuno como Tú lo demandas?», confieso que en muchas ocasiones me hice la misma pregunta y durante mucho tiempo no sabía si el ayuno que hacía era conforme a la Palabra de Dios.

Ayunar no es solamente dejar de comer

Es importante entender esto primeramente, pues existe el malentendido que el ayuno es únicamente abstenerse de alimentos durante un período de tiempo; pensar que agradaremos a Dios por un acto es un error de nuestra parte.

¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?

El profeta Isaías guiado por el Espíritu Santo de Dios es llamado a exhortar al pueblo israelita debido a sus acciones alejadas del Señor (Isaías 58: 4 – 5). Es cierto que abstenernos de alimentos es saludable para nuestro cuerpo, puesto que es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 3:16; 6:19), pero más que un “ritual”, el ayuno es una acción en el cual nuestro dominio propio es puesto en práctica.

El verdadero ayuno no es cuestión de posturas físicas o de una manifestación exterior de lamento (Mateo 6: 16 - 18).

Dios quiere que el ayuno esté acompañado de desatar cuerdas de impiedad, levantar el yugo de la opresión, alimentar al hambriento, proveer refugio para los pobres, vestir al desnudo y ayudar al prójimo necesitado, estos actos son dignos de un correcto ayuno (Santiago 1:27).

El Salterio Escocés menciona: al que siente dura carga de opresión, impártele tu tierna compasión; y el pobre sin hogar ni atención, reciba tu cálida protección. Ve, y al huérfano con tu abundancia de amo y bendición sacia; invita al mendigo a tu puerta y dale descanso en tu casa. Y a aquel que se consume de frío, entrégale tu calor y vestido; sea tu tarea dichosa y feliz hacer al doliente sonreír. Entonces será tu vida como el alba, despejada,  llena de paz y de gozos, resplandeciendo en tus pasos la gloria de nuestro Dios.

El momento correcto de ayunar

En el Antiguo Testamento se animaba al pueblo de Israel a realizar ayunos en tiempos de crisis nacional (Jueces 20:26; Ester 4:16; Joel 1:14) como señal de que Israel estaba dedicada al Dios de todo corazón. También muchos hombres de Dios ayunaban para sí mismos y para Dios (1 Samuel 1:7; 2 Samuel 12:22). Los ayunos no tienen una fecha, los hacían desde un día hasta 40 días (Mateo 4:1-2; Éxodo 24:18; 1 Reyes 19:8).

Los fariseos dedicaban dos días de la semana al ayuno (Lucas 18:12), aun así nuestro Señor criticó duramente sus acciones, pues sus ayunos eran actos banales y muestras de superioridad. El ayuno que no produce humildad, un corazón postrado a Dios y palabras de alabanza al Rey, es en vano.

¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores.Isaías 58:3

Cuando se opta por abstenerse de los alimentos, junto con la oración y la dedicación de la lectura de la Palabra, es con un propósito: Buscar, clamar, pedir con necesidad ferviente a Dios hasta que Él en su inmensa misericordia da un soplo que refresca el alma, una respuesta (1 Samuel 1: 17 – 18).

CONCLUSIÓN

Dios demanda que nuestro servicio vaya más allá del beneficio personal, que produzca acciones de amor, bondad, justicia y generosidad (Santiago 2: 15 – 17). Ayunar es abstenerse de todo lo que Dios aborrece para realizar todo lo que Él nos pide, el ayuno es diario, ya que provoca en nosotros una búsqueda constante de Dios, pues el verdadero ayuno es una delicia de la verdadera espiritualidad.