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Por cientos de años el templo de Jerusalén fue el centro de la vida judía. Sin embargo, en los siglos previos a la época del Nuevo Testamento, el edificio postexílico reconstruido por Zorobabel sufrió serios daños. La renovación y la expansión de esta estructura dilapidada le dio a Herodes el Grande la oportunidad de construir el más grande de sus muchos proyectos de construcción y tal vez la estructura más impresionante que Jerusalén jamás haya visto.

Herodes tenía una pasión por las construcciones gigantescas y ostentosas. Siendo que sus crueldades habían echado por tierra su popularidad, trató de recuperar el favor de los judíos reconstruyendo espléndidamente el antiguo templo.

El Templo de Herodes sobrepasó la belleza del anterior. Antes de derribar el santuario antiguo, Herodes hizo preparar los materiales necesarios. Los trabajos comenzaron el año decimoctavo de su reinado, es decir en el 20-19 a.C. y aunque la mayor parte se había completado en diez años, los adornos continuaron hasta 63 d.C. Él reconstruyó el templo a sus propias expensas, lo que sabía que sería su mayor empresa. Después de sacar los viejos fundamentos, echó nuevos cimientos, y levantó la estructura de piedras duras y blancas.

Durante la construcción Herodes se enfrentó con un reto significativo: El tamaño del templo estaba limitado por el precedente bíblico del templo de Salomón, una estructura bastante modesta. Pero los templos paganos de la época del Nuevo Testamento se venían construyendo cada vez más y más gigantescos, y el templo de Jerusalén si se restringía a los estándares bíblicos se hubiera visto insignificante en comparación. Por lo tanto, aunque el propio templo se dejó bastante pequeño, los recintos del templo en el esquema de Herodes eran enormes. El templo de Zorobabel tuvo que ser destruido y los tres valles a su alrededor tuvieron que ser rellenados. Muros masivos de contención ayudaron a sostener la plataforma del recinto del templo (el muro de contención occidental es el familiar «Muro de las Lamentaciones»). El templo y sus patios circundantes crearon una forma romboide que medía 485 m a su lado occidental, 468 m al lado oriental, 315,5 m al lado del norte y 278 m al lado del sur.

El templo mismo fue construido por los sacerdotes en un año y medio, y fue dedicado con una gran celebración. Se dice que durante la construcción no llovió durante el día sino sólo durante la noche, para que no hubiera interrupción en las obras. Esta historia no es en absoluto increíble si se consideran las otras manifestaciones del poder de Dios.

El área del templo era esencialmente una serie de patios concéntricos, cada uno de mayor santidad conforme uno se acercaba al propio templo. El primer patio, la corte de los gentiles, estaba abierto a los judíos y a los gentiles devotos. Esta área contenía los espacios para mercadería y el intercambio de dinero, y aquí los ciegos y los cojos pedían y estaban presentes los niños (Mt 21:14-15).

Al entrar al templo, uno primero llegaba al Lugar Santo, el cual contenía la lámpara, la me­sa para el pan de la Presencia y el altar de in­cienso, todos fundidos en oro puro. Separado por una pesada y bordada cortina, el Lugar Santísimo contenía una sola roca sobre la cual el sumo sacerdote ofrecía incienso y rociaba sangre una vez al año durante el día de la expiación (el arca del pacto se había perdido mucho tiempo antes). Cuando Cristo expiró, este velo se rasgó por medio, de arriba abajo, significando que toda alma redimida puede desde entonces entrar en la misma presencia de Dios (Mt. 27:51; He. 6:19; 10:20).

La parte trasera del templo y los dos laterales estaban rodeados de un edificio suplementario de una altura de cuarenta codos, albergando cuarenta y ocho cámaras (Guerras 6:4, 7). Este anexo tenía asimismo dos alas. Una de ellas tenía una escalera de caracol. La longitud exterior de este anexo era de cien codos, y su anchura de cincuenta y cuatro. Con las dos alas laterales, la anchura llegaba a los setenta codos.

En el lado sur del templo estaba la casa para el Sanedrín y un edificio equipado para la Inmersión ritual (un requisito para poder entrar al área del templo). Como centro social, el templo era el lugar más importante para la educación y el debate en Judea (Lc 2:46), así como el lugar de muchos acontecimientos documentados en los Evangelios, muy particularmente cuando Jesús expulsó a los mercaderes. Las acciones y las palabras de Jesús en esa ocasión crearon una «representación de una parábola».

A pesar de toda su gloria, este templo tuvo una vida corta. Completado en 63 d.C., fue destruido en 70 d.C. por los romanos. Las palabras de Jesús para sus discípulos a este respecto se cumplieron: No quedó piedra sobre piedra (Mt 24:2).

 


Biblia de Estudio Arqueológica, Editorial Vida. Página 1690
Nuevo diccionario Bíblico Ilustrado, Editorial Clie. Página 482 y 1127
Josefo: Las obras esenciales, Editorial Portavoz. Página 250