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Continuamos con la serie referente a los Templos que el Pueblo de Israel edificó. Veremos esta vez el templo de Zorobabel. En medio del exilio, de guerras y reyes anhelando más poder, se levantó un hombre a quién Isaías describió como “el ungido de Dios”, Ciro fue un conquistador y un estadista que permitió que Israel regresara a su tierra luego de un largo exilio y es aquí que hombres de Dios se levantan para reconstruir la segundo Templo.

Las predicciones de Isaías, al igual que aquellas de Jeremías (Jeremías 25: 12; 29:10), se cumplieron en el 539-538 a.C., cuando Ciro capturó Babilonia y revocó la política de despoblar áreas y dispersar a la gente en tierras extranjeras. Ciro fue un Rey caritativo, que les permitió a pueblos cautivos regresar a sus patrias y restaurar sus lugares de adoración; esto también aplicaba a los judíos que vivían en Babilonia. Tal generosidad por parte de Ciro contrasta tajantemente con la práctica común de la antigüedad. De todos modos, los descubrimientos arqueológicos dejan claro que esta fue en efecto la política oficial de Ciro.

Los judíos que habían regresado del cautiverio babilónico comenzaron a reconstruir el templo en 536 a.C, aunque muchos judíos eligieron quedarse en las tierras adonde habían sido exiliados mantuvieron su identidad religiosa y étnica. Este fenómeno, conocido como la dispersión de los judíos, se había convertido en una irreversible realidad social.

La construcción se detuvo, sin embargo, dieciséis años después en el 520 a.C., la obra se reinició con el estímulo de los profetas Hageo y Zacarías (Esdras 4:24; 5:1-2; Hageo 1:4-15). Cuando el trabajo en el templo se reanudó el gobernador persa Tatenay pidió que se buscara el decreto que Ciro había expedido en 538 a.C. autorizando a los judíos a reconstruir su templo (Esdras 5:6—6:1). El decreto de Ciro, documentado brevemente en 2 Crónicas 36:23, era una proclama hacia el pueblo judío, que les permitía volver su patria y reconstruir su templo.

  • El primer gran desafío fue la reconstrucción del templo que tuvo que enfrentar la oposición externa (Esdras 4:1-5,24; 5:1—6:18) y la negligencia interna (Hageo 1:2-11). El gobernador persa designado, Zorobabel y el sumo sacerdote Josué, exitosamente completaron el proyecto, dedicando el templo en 516/515 a.C. (cf. Esdras 6:15-16).
  • Otro reto fue la amenaza de la asimilación cultural y la idolatría (Esdras 9). Con la aprobación persa, Esdras regresó a Jerusalén en 458 a.C. (Esdras 7:6-10). Confrontó al pueblo, los condujo a la confesión de su Infidelidad a Dios (Esdras 10) y después cumplió su comisión de enseñar el libro de la Ley de Moisés al pueblo (Nehemías 8-9).
  • Un tercer desafío Importante fue la fortifi­cación de Jerusalén. En 445 a.C. Nehemías, co­pero real del monarca persa, apeló a Artajerjes I en nombre de Jerusalén. Artajerjes nombró a Nehemías gobernador de Judea, patrocinó su regreso a Jerusalén y proveyó materiales de construcción (2:1-9; 5:14). A pesar de conside­rable oposición, Nehemías y los que regresa­ron con él, triunfaron en su misión (6:15).

La dedicación de la muralla fue acompaña­da por una lectura extensa de la ley y un llama­do para la renovación del pacto. Sin embargo, este periodo de renacimiento fue al parecer efí­mero. Cuando Nehemías regresó a Jerusalén, tal vez en 433/432 a.C., descubrió que los sa­cerdotes y el resto del pueblo por igual, se ha­bían vuelto negligentes con respecto a su ado­ración.

Los sistemas gubernamentales sacerdota­les eran menos amenazadores para los reyes persas que las monarquías locales. Judea era gobernada por ambos, un sumo sacerdote y un gobernador (cf. Hag 1:1,14; Zac 4), y el equili­brio de poder entre los dos fluctuó a través del periodo postexílico. Nehemías jugó un papel crucial como gobernador en el siglo V a.C., sin embargo en Judea este periodo en general vio un crecimiento del papel del sacerdocio y un papel decreciente de la familia real davídica. Para finales del periodo persa (aprox 330 a.C.) los sacerdotes habían alcanzado una posición prominente.

Los líderes y profetas de Israel reconocieron las restricciones de su situación bajo el gobierno persa, pero le dieron la bienvenida al apoyo persa para cumplir con las órdenes de Dios en su patria. No obstante, ellos consistentemente testificaban que Dios era la fuente de toda bendición y éxito (Esd 1:1; 7:6; Neh 2:8, 20) y continuaban anhelando el día cuando el linaje davídico se establecería y todos los pueblos acudirían al monte Sión para buscar al Señor Todopoderoso (Zac 3:8-10; 8:20-23).

 


Biblia de Estudio Arqueológica, Editorial Vida. Página 695, 703, 704, 726.