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Al llegar al capítulo 41 del libro del profeta Ezequiel, leemos una porción de la escritura que se puede tornar pesada y difícil de comprender al principio. Además, nos podemos confundir por el hecho de que la descripción dada aquí del templo y sus ritos es diferente de todo lo que hemos visto hasta este momento en la ley y en otras partes.

Un texto famoso de los Manuscritos del Mar Muerto, sin embargo, ilustra lo importante que eran los asuntos del templo y los rituales para los judíos antiguos. Estos asuntos nos pueden parecer tediosos como lectores modernos, pero esto sirve para ilustrar la diferencia entre nuestro mundo y el de ellos. Las leyes rituales de la época eran un tipo de código que servía para co­municar ideales religiosos entre los judíos anti­guos.

El rico aporte de Ezequiel al pensamiento israelita y bíblico reside en su enseñanza espiritual. Se pueden destacar, entre otros puntos: (1) Su concepción acerca de Dios, sumamente alejada del antropomorfismo (cp. «La imagen de la gloria de Jehová», 1:28). En tanto que otros escritores sagrados representan a Jehová como el pastor del pueblo (Gn. 48:15; Sal. 23; 28:9), reuniendo al rebaño disperso de Israel (Jer. 23:3; 31:10), pastoreándolo con ternura (Is. 40:11), Ezequiel muestra de manera particular a Dios buscando a sus ovejas extraviadas, librándolas de sus enemigos, restableciéndolas en su país (Ez. 34:11-31; cp. Mt. 18:12-14; Le. 19:10). (2) Su visión de la nueva Jerusalén: el alto monte (Ez. 40:2; Ap. 2:10), la ciudad santa, tabernáculo de Dios en medio de los hombres (Ez. 37:27; Ap. 21:3), la gloria de Dios que reside en ella (Ez. 43:2-5; Ap. 21:11); la ciudad cuadrada (Ez. 48:16, 30; Ap. 21:16). Que tiene doce puertas (Ez. 48:30-34; Ap. 21:12, 13), el río de la vida (Ez. 47:1; Ap. 22:1), orillado por árboles cuyas hojas dan sanidad (Ez. 47:7, 12; Ap. 22:2).

Los sacrificios en el Milenio

En Ezequiel 43:20, 26; 45:15,17, se dice claramente que algunos de los sacrificios presentados durante el Milenio tendrán el propósito de hacer expiación. ¿Cómo puede reconciliarse esto con Hebreos 10:12 «Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios», o Hebreos 10:18: «Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado»? Según el uso del Antiguo Testamento, la palabra «expiación» (lit. cubrir), nunca significa quitar los pecados. Hebreos 10:4 nos recuerda que: «… la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar el pecado». Más bien, los sacrificios eran un recordatorio anual de los pecados (He. 10:3). ¿Qué significaba, pues, expiación? Significaba que los sacrificios producían una limpieza exterior, ceremonial. Otorgaban al pueblo una purificación ritual, capacitándole para acercarse como adorador en comunión con Dios. Los sacrificios hacían expiación aun por cosas inanimadas, tales como el altar (Éx. 29:37) que, por supuesto, no necesita remisión de pecados. Lo que eso significaba es que el altar había sido purificado ceremonialmente, hecho apto de esta manera para el servicio a Dios. Cuando leemos acerca del perdón de pecados no Intencionados en relación a la expiación (Lv. 4:20), solamente puede significar quitar la mancha ceremonial para que toda persona pudiese acercarse en adoración. En nuestros días, la palabra expiación ha adquirido un significado mucho más amplio y profundo. Se usa, por ejemplo, para describir el sacrificio completo de Cristo por el cual han sido quitados nuestros pecados y hemos sido reconciliados con Dios. Pero en la Biblia nunca tiene ese significado. Los sacrificios en la historia de Israel eran en anticipación el sacrificio completo y perfecto de Cristo. Los sacrificios en el Milenio conmemorarán Su obra en el Calvario. Éstos serán memoriales para Israel del mismo modo que la cena del Señor lo es para nosotros. Los pasajes de hebreos no anulan la ceremonia de sacrificio del futuro. Pero sí que insisten que ningún sacrificio futuro puede ser más eficaz por los pecados que lo que fueron en el pasado.

Ezequiel contribuye sobre todo a dar una idea de la teocracia que ha de ser establecida en el futuro. Retomando un pensamiento que Jeremías había ya presentado en su enseñanza, Ezequiel insiste en la responsabilidad individual (Ez. 18: 33:1-20), en la regeneración del pueblo y en la santidad del reino, que tendrá su glorioso cumplimiento en tiempos futuros (11:19, 20; 36:24- 29). La visión de Sión, restablecida y espiritualmente regenerada, queda en adelante de manera perpetua delante de la mirada del pueblo de Dios, como inspiración y poderosa esperanza.

 


Biblia de Estudio Arqueológica, Editorial Vida. Página 1408
Nuevo diccionario Bíblico Ilustrado, Editorial Clie. Página 366
Comentario Bíblico de William MacDonald, Editorial Clie. Página 457