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En hebreo existen dos palabras diferentes que suelen traducirse de forma confusa, sin distinguir entre «levadura» y «leudado».

  1. Heb. seor = «fermento», pedazo de levadura que se hincha por la fermentación. Aparece cinco veces en el Antiguo Testamento (Ex. 12:15, 19; 13:7; Lv. 2:11;Dt. 16:4). Parece denotar el remanente original de la levadura dejada de la previa masa de pan, que ha fermentado y se ha vuelto ácido. Se refiere, pues, a la masa fermentada o leudada.
  2. Heb.  jamets = «fermentado», no «levadura», sino «pan con levadura». Es un término más específico que el anterior, que a veces se confunde en las traducciones. Otra raíz procede de matstsah, «dulzura, carente de levadura» (Lv. 10:11). En Ex. 13:7 aparecen juntos los tres términos y son claramente diferentes. «Durante los siete días se comerán los panes sin levadura [matstsah], y no se verá contigo nada leudado (jamets) ni levadura (seor) en todo tu territorio». El gr. zyme, corresponde al heb. seor = «levadura». Por levadura se entiende una sustancia agria con un alto grado de fermentación, usada generalmente para hacer pan, añadida a la masa (Ex. 12:15,19; 13:7). Se necesitaba tiempo para llevar a cabo el proceso a partir de un trozo de masa agriada. Por ello, cuando se tenía que preparar comida a corto plazo, se usaban tortas sin levadura (p.ej. Gn. 18:6; 19:3; Ex. 12:8). Solo recientemente, con la levadura industrial, ha desaparecido el proceso artesanal. La fermentación no es otra cosa que la putrefacción de una sustancia al degradarse los hidratos de carbono por acción enzimática, lo que confirma la visión de los antiguos (Sal. 79:21; Mt. 16:6,11,12; Me. 8:15; Le. 12:1; 13:21; 1 Cor. 5:5-8; Gal. 5:9).

Los israelitas tenían prohibido utilizar levadura durante siete días durante la Pascua para que recordaran que el Señor los sacó de Egipto «apresuradamente» (Dt. 16:3; cf. Ex. 12:11); el pan sin levadura, insípido, les debía recordar también sus aflicciones (Ex. 12:34, 39; Dt. 16:3; 1 Cor. 5:7, 8) y la necesidad de juicio propio, por lo que recibe el nombre de «pan de aflicción». La levadura estaba prohibida en todas las ofrendas al Señor mediante fuego (Lv. 2:11; 6:17), dado que su origen estaba en la corrupción y se extendía a toda la masa de aquello en lo que se mezclaba, por lo que simbolizaba el carácter contaminante del mal. Estaba totalmente fuera de lugar en las ofrendas que tipificaban el sacrificio propiciatorio de Cristo. Las ofrendas de las que se participaba, en cambio, podían contenerla (Ex. 7:13; 23:17).

En el Nuevo Testamento se usa metafóricamente para indicar la doctrina corrompida (Mt. 13:33; Lc.13:21) o el error mezclado con la verdad (Mt. 16:6, 11; Me. 8:15; Le. 12:1). La parábola de la levadura, donde el Reino de los cielos se compara con esta sustancia (Mt. 13:33), ha sido diversamente interpretada. Ciertos comentaristas han creído ver en ella una imagen de la influencia saturadora del Evangelio que, de una manera quizás escondida, penetra en todos los medios y por la tierra entera (cf. Col. 1:16). Sin embargo, se ha de tener en cuenta que en todos los otros pasajes bíblicos la levadura es consistentemente un símbolo de impureza. De la misma manera que la cizaña se mezcla con el trigo hasta la siega (Mt. 13:24-30), así la levadura introducida en la harina produce un fermento de corrupción que irá en aumento hasta la apostasía y el juicio que ha de caer sobre ella (Mt. 24:12; 2 Tes. 2:3). La levadura, para bien o para mal, tiene el poder de penetrar difusivamente en la masa. En este sentido la menciona Pablo en 1 Cor. 5:6-8 y Gal. 5:9, para significar tanto la influencia moral positiva como la negativa. Es la «sal» la que preserva de la corrupción, y por el mismo principio, solo lo que no está fermentado (gr. ázymos) es un símbolo de pureza e incorrupción.