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Una simple línea de todo este capítulo bastó para que sea mal interpretado durante demasiado tiempo; este texto bíblico mal estudiado ha llevado a muchos a la errónea interpretación de que María es también intercesora de nosotros.

El capítulo empieza narrando el acontecimiento de una boda, pero lo importante sucede cuando María se da cuenta que el vino se está acabando, por lo que recurre a Jesús para solucionar este problema, y el Señor responde: Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? (2:4). La frase en griego, ti emoi kai soi, significa literalmente “qué, a mí y a ti”. Su ambigüedad ha dado lugar a diversas explicaciones. Un comentarista sugiere que Jesús quiere decir: “¿Y qué nos importa a nosotros?”. Sugiere que, según la costumbre de ese entonces los huéspedes se tomaban turnos para comprar al vino que todos beberían brindando a la salud de la novia y el novio. Piensa que María al decirle a Jesús que estaba por terminarse el vino, le urgía cumplir con el deber de invitado, para que comprara la siguiente ronda. En tal caso, la respuesta de Jesús significaría solo: “¡No es mi turno!”.

Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.

Aunque esto nos brinda un dato interesante de la cultura de esos tiempos, tal vez haya explicaciones mejores. Por ejemplo, Cristo podría haber estado preguntando a María en tono amable por qué ella le habla de una necesidad que Él ya entiende y piensa satisfacer. En este caso las instrucciones de María a los sirvientes se entienden mejor. Jesús no rechaza su pedido, sino que piensa satisfacer la necesidad sin que su madre se lo pida.

Jesús está a punto de obrar la primera de sus señales milagrosas: una señal que revelará Su gloria y por la que “sus discípulos creyeron en él” (2:11). Mucho antes, siendo un niño, Jesús había insistido: “tengo que estar en la casa de mi Padre” (Lucas 2:49). Sin embargo, Jesús regresó a Nazaret y vivió su niñez con María y José. Pero ahora, finalmente, Jesús está por ocuparse de los asuntos de su padre aun cuando la hora final de ese servicio está todavía lejos, en el futuro. Con suavidad Jesús responde a María: Mujer, ¿qué tiene que ver eso conmigo y contigo? Mujer, ahora no hay relación terrenal que pueda atarme porque finalmente, voy a ocuparme de los asuntos de mi Padre.

María ahora se inclina hacia su hijo y les dice a los sirvientes: “Hagan lo que él les ordene” (2:5). Jesús ahora está sujeto solamente al Padre, y por eso, toda la humanidad está sujeta a Cristo como Señor.

CONCLUSIÓN

Muy aparte del contexto simbólico del agua, del vino y de las referencias históricas que narra el capítulo, nuestro Señor Jesús atendió la petición de María, porque Él es bueno y misericordioso, y así como atendió la solicitud de su madre, también atendió otras peticiones, como podemos leer en los evangelios: sanaciones, milagros, expulsiones de demonios, entre otras; porque el Señor responde a quienes lo buscan en espíritu y verdad. De manera que es erróneo suponer que los católicos tomen como referencia este pasaje para tener como base bíblica la supuesta intercesión de María, de ser así, también habría que pedir que intercedan el fariseo que pidió por su hija muerta, la mujer cananea que suplicó por su hija atormentada por demonios, los ciegos, los cojos, los paralíticos que acudieron a Jesús y pidieron por sus dolencias. Lo correcto es hacer como cada uno de ellos hicieron, debemos ir a Cristo.

Paz.