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Mucho se ha dicho sobre el libre albedrío y que en nuestros labios está el «Aceptar a Jesús» en nuestras vidas.

Por definición libre significa:

  • Que tiene capacidad de escoger su forma de actuar o pensar
  • Que vive en libertad o no está preso o bajo el dominio de otro.
  • Que no tiene impedimentos, límites o restricciones.
  • Que no está obligado o sujeto a ninguna cosa.

Albedrío, por su parte es la voluntad no gobernada por la razón, sino por el apetito, antojo o capricho.

¿Qué es lo que escogemos?

Escogemos lo que es según nuestra mentalidad, basada en lo que las experiencias y conocimiento nos guíen, y ¿A dónde nos llevarán? Al pecado (Jeremías 8: 3) pues nuestra mentalidad nada tiene que ver con lo que Dios ha planeado para nosotros (1 Corintios 2: 14) pues no podemos discernir las verdades del Espíritu Santo ya que por naturaleza no podemos oír a Dios (Juan 8: 43)

Para poder tener una elección, debemos ser libres; pero nuestra naturaleza de pecado nos hace esclavos (Romanos 6: 20) no podemos hacer otra elección (Romanos 7:  15 – 21) que no sea otra porque somos nacidos del pecado (Juan 8: 34).

De hecho nosotros somos tan limitados, ya sea nuestras acciones o pensamientos, esto es que no existe nada que atribuya al hecho de que nosotros demos el primer paso (1 Juan 4: 10) por tanto nosotros mismos somos nuestro primer impedimento.

Dios es el dueño y creador del mundo (Génesis 1:  1) y de cada uno de nosotros (Génesis 1: 26 – 27) estamos bajo Sus pies (Salmo 8: 6) sea que ignoremos o no esta verdad, sin Dios, estamos sujetos a nuestros deseos y pasiones desordenadas (Colosenses 3:  5 – 6) haciendo que obedezcamos (Romanos  11: 32) a lo que la conciencia busca, esto es: Lo contrario a Dios.

CONCLUSIÓN

¿Podemos tomar correctas decisiones siendo esclavos del pecado? Cuya única capacidad de elegir va en dirección de nuestros deseos,  limitadas a “nuestro” conocimiento, los mismos que solo llegan al presente, ignorando el futuro; sujetos a nuestras ambiciones, apetitos (2 Corintios 2: 3) Eso no es libre, mucho menos albedrío.

En pocas palabras la frase «Libre Albedrío» es otro disfraz para hacerle creer al hombre que él influye aunque sea en lo más mínimo en el destino de su alma.