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Ezequiel, como fiel representante del profetismo bíblico, recurre a tradiciones antiguas y las adapta a nuevas situaciones. De esta manera se constituyen en semilla de nuevos proyectos, transformando el pasado en promesa.

Entre los círculos de tradiciones principales representados en Ezequiel pueden subrayarse las tradiciones del éxodo de Egipto (Ez. 20 y 23) alentando en los desterrados la posibilidad de su liberación y la restauración de la comunidad en su tierra; la elección de David (34:23 y 37:24), evocando un modelo idealizado pero pertinente de unidad de todo el pueblo bajo un solo príncipe elegido por su Dios; las tradiciones sobre el establecimiento y distribución de la tierra (47-48); la analogía del matrimonio para hablar de la alianza entre Dios pueblo (16 y 23), y la concertación de una nueva alianza y que será definitiva e inquebrantable (34:25 y 37:20-28); polémica contra falsos profetas y profetisas (13).

Algunas marcas teológicas particulares.

Entre los recursos teológicos utilizados en Ezequiel, se encuentran algunos que pueden remarcarse por diferentes motivos. Uno de ellos es el que podría denominarse una teología sobre la responsabilidad personal, con varias referencias (14:12-23; 18:1-32; 33:10-20), a través en lo cual se apela al compromiso en un contexto de dispersión y adversidad. No consideramos que esto represente una tendencia hacia el individualismo, como a veces se dice, sino que destaca elementos valiosos para un contexto de desintegración y crisis de identidad, brindando una reflexión sutil y oportunidad sobre la justicia en la comunidad. Nadie está totalmente asegurado en su justicia; los impíos tienen siempre la oportunidad de cambiar de vida, y cada uno debe responder por sí mismo (33:10-20). Esto muestra a su vez la intención recurrente del mensaje profético clásico que busca que los malos se conviertan, y que los buenos no se corrompan. Al fin de cuentas, Dios quiere que todos se salven (18:31-32).

Luego conviene recordar las manifestaciones del espíritu que inspira y guía al profeta (3:12; 14:22; 8:3; 11:1, 24; 43:5). En Ezequiel aparecen nuevamente ciertos rasgos del profeta primitivo, como Elías o Eliseo (1 R. 17:17-24; 18:30-40; 19:9-14), que están ausente en los textos de los profetas clásicos del siglo VIII.

Mensaje central del libro.

El mensaje del libro de Ezequiel en su conjunto posee un tono optimista, que elabora y recrea instrumentos ideológicos que llevan al pueblo hacia el reencuentro de su propia identidad e historia, y al compromiso efectivo con el proyecto de liberación propuesto. Este proyecto destaca lo especial y único del Dios de Israel, y sus acciones prodigiosas en favor de su pueblo. Sintetizamos a continuación tres aspectos principales implicados.

  1. El reconocimiento de Yahveh que se expresa recurrentemente con la fórmula «sabréis que yo soy Yahveh». En el nivel de las creencias y en la búsqueda de la identidad, esto fortalece la confianza en un proyecto y en un Dios que puede volver a realizar las prodigiosas acciones del pasado a favor de su pueblo. Asimismo, esto implica el conocimiento de los preceptos básicos que generan la justicia dentro de la comunidad, pero no como un conocimiento mecánico, sino que se fundamente en convicciones personales, en un proceso de conversión, de purificación y transformación profundas, ciertamente un «nuevo corazón y un nuevo espíritu» (11:19; 18: 31; 36:26).
  2. Una alianza nueva y definitiva. Estrechamente rela­cionada con el tema del (re)conocimiento de Yahveh, se presenta la promesa de una nueva alianza, definitiva e inquebrantable, que garantice para siempre la vida y la seguridad de la comunidad reunida en su tierra. A su vez, esto demanda compromisos que generen condiciones sustentables, e impidan nuevas situaciones de opresión y exilio. El tema de la nueva alianza se encuentra desarrollado en los capítulos 34 – 39, donde aparece explícitamente el establecimiento de una alianza de paz (34:25), que es a su vez definitiva, y donde se repite varias veces la fórmula tradicional de la alianza con algunas variantes: «yo soy su Dios y ellos son mi pueblo» (34:30-31; 36:28; 37:23, 27). El establecimiento de esta nueva alianza, que surge de la iniciativa divina y del incumplimiento de la primera solo implica un nuevo conocimiento y una nueva relación con Yahveh, sino también una serie de promesas que tienen que ver con el rescate de los dispersos y la restauración de la comunidad reunida en su tierra, con múltiples bendiciones como se describe en 34:25-31 y 37:20-28. En Ezequiel no se menciona literalmente «nueva alianza» como aparece en Jer. 31:31, pero el contexto es semejante y las equivalencias de conceptos y expresiones son notables.
  3. Liberación y reunión de la diáspora. Al final de cuentas el proyecto que se está proponiendo tiene como objetivo el rescate y la reunión de la diáspora como hecho fundamental y paso decisivo que sintetiza la elaboración y reflexión teológica. Aquí se verán los resultados de una transformación profunda en el nivel creencias y la fidelidad a una nueva alianza por parte de los implicados. Esta culminación del proceso se expresa de varias formas en diferentes pasajes (34:12-13; 37:21) y en particular sobre el final o «cierre» del conjunto de oráculos de salvación (39:25).

Diáspora: Dispersión de un pueblo por varios lugares del mundo, en especial la comunidad judía.