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Estamos viviendo una etapa tecnológica cuya fortaleza está en las redes sociales, en la facilidad de montar un blog y ponerse a escribir de lo que sea que sepas. Esto es bueno, se incentiva a la lectura, a la escritura, a la investigación y estudio, pero ¿qué sucede cuando un cristiano o la iglesia las usa?; no hablaré de los males de estos canales sociales, tampoco diré que no se las use, peor aún, que dejen de disfrutarlas en su contexto sano y productivo, pero hay algo que expondré y más de uno estará de acuerdo y casi todos podrían refutarme.

Quisiera empezar este artículo a partir de una porción bíblica:

Apocalipsis 2 : 2-7 | La iglesia de Éfeso

  1. Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto:
  2. Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos;
  3. y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.
  4. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.
  5. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.
  6. Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco.
  7. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

Este pasaje a pesar que fue escrito para la iglesia de Éfeso, también tiene un mensaje claro y preciso para todos nosotros en el presente. Los efesios tenían la sana doctrina y la perseverancia necesaria, pero eso sin amor nada es; este amor temprano, prueba de la nueva vida en Cristo (1 Jn. 3:13s.), se había enfriado a pesar de la pureza doctrinal. Habían permanecido ortodoxos, pero habían llegado a enfriarse en el amor en parte por las controversias con los nicolaítas. Entonces el Señor muestra que ellos tienen conocimiento de su Palabra, ellos aborrecen lo que Él aborrece, pero ¿y el amor?

El internet y las cuentas cristianas son aliadas, cuya arma es un mensaje de aliento que provenga de Dios, pero todo se torna como los efesios cuando el «teólogo» de internet avanza con fuerza y conocimiento, pero sin amor hacia los demás. Hay una lucha y una soberbia gigante alrededor de muchos cristianos, que si bien es cierto no son malos, pero tampoco son fieles a los mandamientos del Señor, amar a tu prójimo sea como este sea, claro, amar no es solapar, no es aceptar la apostasía, ni las herejías, amar es sacar del error, es tomar la palabra y el conocimiento adquirido y trabajar con pasión expandiendo el evangelio, no atacando con el evangelio.

Confieso que cuando empecé a alejarme de prácticas carismáticas, amé mucho la teología reformada, no terminaba de leer un libro y me creía teólogo, un cristiano superior al que danzaba en la iglesia y al que hablaba en lenguas; tenía la convicción de que con mis libros reformados me convertía en el erudito ideal para «sacar de la ignorancia» y no predicar con amor contra el error y el pecado. Pero gracias únicamente a la grandeza de Dios, caí en cuenta de que nada soy sin amor, nada soy si me sé un libro de Berkhoff, o las 95 tesis, o si nombro los puntos en que difiere el calvinismo del arminianismo, nada de eso vale si lo ponemos a competir con el amor, el amor de Dios, ese que solo Él enseña, ese que nos hace humildes y serviciales, que nos hace despojarnos de todo por darle al otro. Así como los efesios, podemos tener una maravillosa doctrina, pero hay que volver al amor, a mostrar la verdad con humildad y no con deseo de sobresalir sino de presentar el evangelio.