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Ato toda maldición generacional que haya caído sobre mi familia.

Es lamentable, pero oímos de muchos cristianos intentando ellos mismos batallar contra Satanás, aludiendo al poder que Dios nos ha otorgado. Especialmente existen dos versículos que se han descontextualizado de tal manera que ha generado toda una serie de falsas enseñanzas, tal es el caso de Mateo 18: 18 y Mateo 16: 19.

Entendamos el contexto cultural en que se suscitó la escena, en Mateo 18: 18 habla sobre el perdonar a nuestros hermanos, una acción que proviene de nuestro corazón una vez que tenemos la mente la Cristo; pero Él utiliza dichas palabras porque este era un lenguaje rabínico, pues antes de Jesucristo quienes tenían la Palabra de Dios en sus manos y de igual manera la enseñaban al pueblo eran los Escribas y Fariseos, ellos eran quienes ataban o prohibían (original griego: dësëis) o el contrario, desataban o permitían (original griego: lusëis), todo según lo que las leyes de Dios establecían.

¿Qué dice la biblia sobre las maldiciones generacionales?

En el Antiguo Testamento, Éxodo 20:5 es un versículo que «usan» para respaldar el tema de que existe la maldición generacional y en contraste a ello está Ezequiel 18: 20.

El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él. – Éxodo 20:5

De igual manera Éxodo 34: 7, Levíticos 26: 39, Números 14: 18, Job 21: 19, Isaías 14: 21, Jeremías 32: 18 son versículos que tienen el mismo contexto que Éxodo 20: 5 y en todos podemos observar que es Dios quien levanta su voz para visitar (del verbo Hebreo: Paqad a diferencia de la palabra maldición que en hebreo es Árar) a quien lo aborrezca, esto es hasta la tercera y cuarta generación con el propósito de llamarlas al arrepentimiento.  Entonces, no es que castigará a toda la familia, sino que, como principio, el pecado afectará de cierta forma a la descendencia y Dios será quien llame a arrepentimiento a quién el deba llamar, mas no maldecirá a los hijos por los pecados del padre.

Así en los versículos Deuteronomio 24: 16, Job 19: 4, Proverbios 9: 12, Jeremías 31: 30, que hacen referencia a lo dicho en Ezequiel 18: 20. Los Padres no debían morir por (junto con) los hijos, ni los hijos (junto con) sus padres, no debían sufrir con ellos por crímenes en que no hubieran participado; sino que cada cual sería castigado por su pecado. Este mandamiento era importante para evitar la abusiva aplicación de la ley que se manifiesta en los movimientos de la justicia divina hacia la jurisprudencia criminal de la tierra (Éxodo 20: 5).1

Podemos observar entonces que «heredar» un castigo de nuestros antepasados no tiene fundamento bíblico, puesto que la biblia es clara y por supuesto ella no se contradice en ninguna manera; cada quien será juzgado por sus propias obras (Romanos 2: 5-6) de igual manera de aquellos que creímos en Jesucristo tendremos nuestra recompensa en el reino de Dios.

 


[1] CLIE (2008). Comentario al texto Hebreo del Antiguo Testamento. Pág. 882.