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Las personas somos un puñado de aprendizaje y novelería, siempre se nos hace fácil desear algo; lo que escuchamos nos gusta y lo que vemos lo queremos. El ser humano es tan partidario de la melodía, de las notas y la armonía, que no le importa etiquetarla y decir que es buena, más aún el cristiano. Cuando de música se trata, el mundo contemporáneo está lleno de géneros incompatibles con la santidad que se encuentra en la biblia, pero eso ya no importa, lo que importa es el talento, la excelencia, la iglesia llena, tus sueños, ¿verdad?

Sería inútil hablar de falsos maestros que se aprovechan, pero si me gustaría aludir a los que son engañados. Ustedes como yo, gustaron alguna vez de lo atractivo que es el mundo, y sabemos que si miramos una discoteca y luego miramos un relato solemne de culto en la biblia, solo encontraremos una cosa diferente: TODO. (Tito2:12) Entiendo que hay jóvenes que atraer, pero no significa que tengamos que meter el mundo a la Iglesia, por poner un ejemplo: ser alcohólico para predicarle a un alcohólico; debo ser quien soy en Cristo, predicar con mi vida y mis actos.

También entiendo que podrán decirme legalista y chapado a la antigua por no estar de acuerdo, pero entiéndase que no es «mientas más cool se escuche, mejor»; sino «mientras más bíblico, mejor», dirán pues: ¿Entonces si mezclo el salmo 119 con reguetón, será mejor? No, porque existe algo que se llama reverencia, respeto, santidad, algo que va adherido nada más y nada menos que al creador del Universo, al Todopoderoso, entonces ¿puede Él estar complacido con la algarabía del mundo? Ya saben la respuesta.

El cristiano debe discernir, debe saber lo que dice ese libro que lleva bajo el brazo y lo expone ante todos, debe percatarse que lo que le están poniendo en frente es falso, es inaceptable en la disciplina y santidad del evangelio (Ezequiel 44:23). La culpa la comparte el estafador y el desconocimiento del estafado. Tenemos todas las herramientas para equiparnos, todos los medios para ilustrarnos y llenarnos de lo que nos quiere decir Dios a través de su palabra (Mateo 7:24).

La cuestión es sencilla, pero compleja al mismo tiempo, solo debemos aferrarnos a Cristo, pedir al Espíritu la instrucción para anhelar más su palabra (1 Pedro 2:2) y no tanto la iglesia buena onda que me invita a festivales de música electrónica, urbana, salsa o merengue, porque ahí se goza y se pasa alegre, pero ¿a costa de qué?, ¿del mundanal ruino o de la hermosa palabra de Cristo?

Todos sabemos que en lugares donde predomina la incesante actividad copiada del mundo, jamás estará la Luz que necesitamos (2 corintios 6: 14). No puedo decir que algo está bien o está mal, pero sí puedo invitarte a equipar tu conocimiento, amor, anhelo por aquel que murió en la Cruz y resucitó con poder.