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Del griego hypókrisis = «respuesta [de un actor]», relacionado con el verbo hypokrínomai = «representar un papel, pretender»; y el sustantivo hypokrités = «actor, comediante, hipócrita», son todos ellos vocablos procedentes del mundo del teatro, que llevan la connotación de «fingimiento», como cuando el actor, identificado con su papel, aparenta ser lo que no es. De ahí su significado derivado de «arte del disimulo», lenguaje o conducta que no se ajusta a la realidad, sino a las conveniencias. En la literatura clásica designan la representación escénica en sí, la actuación dramática. En las representaciones teatrales, los actores siempre utilizaban máscaras que aumentaban la potencia de la voz y dibujaban rasgos convencionales fijos en colores muy vivos, de donde estos términos pasaron a adquirir connotaciones peyorativas en el sentido de ofrecer ante los demás una representación ajena a la realidad de la propia persona: vinieron a denotar el engaño, la pretensión de pasar por lo que no se es, de ocultar los verdaderos pensamientos, actitudes e intenciones, bajo una máscara de falsas apariencias. En el terreno religioso pasaron a significar pretensión, fingimiento, hipocresía o disimulo, y designaban a quienes pretenden pasar por justos y virtuosos sin serlo.

En el A.T. no hay un vocablo que corresponda exactamente a «hipocresía», aunque sí se describe y condena una actitud semejante, designada como «impía» (Job 8:13; Prov. 11:9; Is. 33:14), del hebreo haneph = «irreverente, profano». La LXX (Septuaginta) tradujo el hebreo haneph por vocablos que siempre significan «iniquidad» o «impiedad», por ejemplo ánomos = «sin ley» (Is. 9:17), asebés = «sin piedad, impío» (p.ej. Job 8:13; 20:5), paránomos = «inicuo, criminal» (Job 17:8). Solo en Job 34:30: 36:13 se emplea hypokrités con el significado de «impío».

En el N.T. el término hipócrita tiene la acepción actual, y se halla solo en los Evangelios sinópticos, siempre en boca de Jesús, quince veces en Mateo, y unas pocas en Mc. 7:6; Lc. 6:42; 11:44; 12:56; 13:15. Jesús llamó hipócrita al pueblo que conocía las señales de los tiempos, pero no discernía la presencia del Reino en la persona del Mesías (Lc. 12:46). Hipócrita era el presidente de la sinagoga incapaz de reconocer que la curación de la mujer enferma durante 18 años, representaba una victoria sobre Satanás en cumplimiento de la misión mesiánica (Lc. 13:15).

A los apóstatas se les reprocha la hipocresía de sus discursos mentirosos (1 Tim. 4:2), lo que significa una falsificación de la fe, pues para Pablo la hipocresía es una desviación de la verdad del Evangelio, una traición a la Buena Nueva; hipócrita fue Pedro en su conducta con los cristianos gentiles, no por malicia, sino por debilidad y miedo a los judeocristianos, y Pablo tuvo que condenarlo porque atentaba contra la fe y la libertad evangélica (Gál. 2:13-16).

CONCLUSIÓN

En general, el cristiano debe siempre guardarse de una vida de doblez e hipocresía (cf. 1 Tim. 4:2; 2 Tim 3:5; 1 P. 2:1). No debemos pretender seguir a Cristo, sino seguirlo; no honrar de labios sino de corazón, porque el Señor conoce el de cada uno de nosotros y su juicio no puede ser burlado. La hipocresía bloquea la vista piadosa, evita el sosiego del cristiano y solo corrompe nuestro hablar, hacer y sentir.