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Un día vi una imagen, en ella hacía referencia a 2 niños de aproximadamente 5 años que decían «Y ahora que tú me pediste perdón y yo te pedí disculpas, ¿Podemos ser amigos de nuevo?». Muy poco entendemos sobre el nacimiento en el Espíritu Santo de Dios; sabemos lo que significa nacer, venir a este mundo, pero ¿Cómo nacer en el Espíritu Santo?

De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Mateo 18:3

Nicodemo fue un fariseo que había acudido a nuestro Señor, la causa exacta por la cual él lo visitó solo la conoce Dios, pero por la manera en como Jesús inició la conversación nos da una idea de lo que Nicodemo buscaba. A pesar de toda la educación que este maestro de la ley había recibido, poco conocía sobre el reino de los cielos, su mente estaba aferrada a los conceptos carnales que la idea de nacer nuevamente le era imposible de comprender, es entonces que nuestros Señor le dice «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» estoy segura que nuestra reacción es la misma que tuvo este hombre hace 2000 años «¿Cómo puede hacerse esto?» a lo que es el Señor nuevamente responde: Os es necesario nacer de nuevo.

El reino del Señor es de justicia, por ende, sus súbditos también deben ejercer la justicia como acto de benevolencia hacia nuestro prójimo (1 Pedro 1:16). Él no reinará sobre personas que permanezcan en sus pecados.

Agua y el Espíritu de Dios (Juan 3:5) es lo que necesitamos para el nuevo nacimiento; eruditos traducen el «y» de este pasaje en «esto es» por lo que se podría interpretar este pasaje como «El que no nace de agua, esto es, del Espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos», como se describe en Juan 4:16 la fuente de agua de vida eterna ¡Qué hermosa verdad!

El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

El nuevo nacimiento es muy semejante al viento. Primero, tiene lugar según la voluntad de Dios. No es un poder que el hombre pueda someter a su control. Segundo, el nuevo nacimiento es invisible. No se puede observar su ocurrencia, pero sí se pueden ver los resultados en la vida de la persona. Cuando alguien ha sido salvado, un cambio es notorio. Las cosas malas que antes se amaban, ahora se aborrecen. Las cosas de Dios, que antes se menospreciaban, ahora son precisamente las cosas que se aman. Así como uno no puede comprender plenamente el viento, del mismo modo el nuevo nacimiento es una obra milagrosa del Espíritu Santo de Dios que el hombre no puede llegar a comprender. Además, el nuevo nacimiento, lo mismo que el viento, es impredecible. Sencillamente, no es posible decir cuándo y dónde tendrá lugar. 1

¿Por qué nuestro Señor nos exhorta a ser como niños?

Cuando nuestro Señor pone como ejemplo a seguir la inocencia de los niños, enseña la naturaleza divina de esta verdad; cada creyente con fe genuina en Cristo debe (obligatoriamente) abandonar los pensamientos de grandeza personal y asumir una posición humilde, una actitud que se amolde al Reino de Dios, esto comienza cuando se reconoce nuestra pecaminosa naturaleza y se recibe a Cristo como nuestra única esperanza de salvación (Juan 14:6), actitud que debemos mantener en todo nuestro andar cristiano.

Las normas y valores del Reino son opuestas a las del mundo. Toda nuestra manera de pensar ha de quedar invertida, hemos de pensar los pensamientos de Cristo en pos de Él.

CONCLUSIÓN

Ser como niños es excluir de nuestra vida toda obra de malicia (1 Corintios 14:20) y la única manera de poder llegar a este camino es estando aferrados a Cristo, convirtiéndonos en sus siervos, nacer de nuevo en el Señor.

 


[1] Comentario Bíblico de William MacDonald, página 662