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Adán se convierte en el primer pecador humano. Cronológicamente Eva pecó primero, pero desde la perspectiva teológica Adán es declarado por el Nuevo Testamento como el pecador original. La razón de ello es que Adán era cabeza de la raza humana, y por consiguiente, responsable de sus acciones (2 Corintios 11: 3; 1 Timoteo 2: 14).

Intentó de primeras esconder su desnudez ante Dios (Génesis 3:7). Aparentemente ocurrieron algunos cambios drásticos concernientes tanto a la condición física como espiritual de Adán. Puede ser que los cuerpo se Adán y Eva estaban, en la creación, cubiertos de una suave luz de inocencia. Nuestro Señor estuvo revestido de una luz más brillante que la del sol durante su transfiguración (Mateo 17: 12).

Pero ahora esta protección había desaparecido, y en un esfuerzo desesperado por corregir la situación “cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.” (Génesis 3: 7).

Tenemos aquí el primer ejemplo en la historia del esfuerzo religioso humano. La religión es un intento de vestirnos a nosotros mismos de justicia, aparte de la justicia de Cristo. Adán y Eva lo procuraron con hojas de higuera. Los hombres lo intentan hoy mediante la educación, la membresía de iglesia, el  bautismo, las ofrendas, la confirmación y las buenas obras, etc. Pero de nada sirve todo eso.

“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.” (Isaías 64:6)

Intentó por último esconderse de Dios.

“…y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.” (Génesis 3:8)

Este es el resultado trágico y final del pecado. No sólo separa al hombre de Dios, sino que le lleva a desear esconderse de Dios ¡Pero no lo logra!

“Dios, tú conoces mi insensatez, Y mis pecados no te son ocultos.” (Salmo 69: 5)

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?” Salmo 139:7

“Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.” (Mateo 10: 26)

“Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apocalipsis 6:15-17)

 


Harold L. Willmigton, Auxiliar Bíblico Portavoz (1995). Editorial Portavoz , Página 28