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El movimiento carismático pretende exaltar al tercer miembro de la Trinidad. A decir verdad, lo ha convertido en un espectáculo. Sería bastante malo si tal blasfemia se limitara a la audiencia privada de una congregación local. Sin embargo, el circo de sacrilegio se exporta sin cesar a través de una red global de medios de comunicación impresos, la radio y la televisión. Como antiguo pentecostal, Kenneth D. Johns explica: «En el pasado, la influencia de estos líderes desventurados ha tenido ciertas limitaciones. Su distorsión del mensaje de la Biblia estuvo limitada en su difusión a la predicación en la iglesia local, las aulas de un colegio o seminario, los libros y programas de radio. En los últimos treinta o cuarenta años todo eso ha cambiado gracias a la televisión».

Influenciados por los predicadores más populares de la televisión, muchos carismáticos tratan al Espíritu soberano de Dios como si fuera su esclavo, un mayordomo celestial obligado a esperar cada una de sus órdenes. Su enseñanza no es sustancialmente diferente a la de la Nueva Era, cuyo veneno fue popularizado por el éxito internacional del año 2006, The Secret (El Secreto), en el que la autora Rhonda Byrne indica: «Tú eres el Señor del universo, y el Genio está allí para servirte». Teleevangelistas carismáticos y pastores célebres suelen predicar un mensaje similar. Se trata del falso evangelio de la prosperidad material conocido popularmente como la doctrina de la Palabra de Fe. Si usted tiene suficiente fe, según ellos, literalmente puede tener lo que diga.

En las palabras de Kenneth Copeland: «Como creyente, usted tiene el derecho de dar órdenes en el nombre de Jesús. Cada vez que permanece en la Palabra, le está ordenando a Dios hasta cierto punto». Palabra, le está ordenando a Dios hasta cierto punto». Fred Price insta a sus seguidores a no ser tímidos o restringidos en lo que le exigen a Dios: «Si tiene que decir: “Si es tu voluntad” o “Hágase según tu voluntad”, si usted tiene que decir eso, entonces le está llamando a Dios tonto, porque él es el que nos dice que le pidamos […] Si Dios me va a dar lo que quiere que yo tenga, entonces no importa lo que le pida».

Esta rama del movimiento carismático es sin lugar a dudas, la mayor, la más visible, la más influyente y la de más rápido crecimiento entre los carismáticos. En pocas palabras, los maestros de la Palabra de Fe representan la tendencia actual más grande del movimiento. Y la doctrina de la prosperidad que enseñan no tiene nada que ver con el verdadero evangelio de Jesucristo. Ellos están promoviendo la superstición crasa mezclada con falsas doctrinas robadas a los gnósticos y las sectas metafísicas, envueltas en términos y símbolos cristianos. No se trata de un cristianismo auténtico.

Para los cientos de millones de personas que aceptan la teología de la Palabra de Fe y el evangelio de la prosperidad, «el Espíritu Santo es relegado a un poder casi mágico por el que se consiguen el éxito y la prosperidad». Como un autor observó: «Al creyente se le pide que utilice a Dios, mientras que la verdad del cristianismo bíblico es todo lo contrario: Dios usa el creyente. La Palabra de Fe o la teología de la prosperidad ve al Espíritu Santo como un poder para ser usado según la voluntad de los creyentes. La Biblia enseña que el Espíritu Santo es una persona que capacita al creyente para hacer la voluntad de Dios».

Teleevangelistas elocuentes prometen con audacia salud y riqueza inagotables a todos los que tienen la fe suficiente y, lo más importante, a todos los que les envían su dinero. Programa tras programa se insta a la gente a «plantar una semilla» con la promesa de que Dios milagrosamente los hará ricos a cambio. Esto es conocido como el plan de la semilla de fe, llamada así por Oral Roberts, el pionero clave en el uso de la televisión para difundir la doctrina carismática. Los teleevangelistas más carismáticos y sanadores de fe utilizan el plan de la semilla de fe de Roberts o algo similar para manipular a los televidentes a fin de que donen más de lo que en realidad pueden dar.

Paul Crouch, fundador y presidente de Trinity Broadcasting Network, es uno de los más acérrimos defensores de la doctrina. «Plante una semilla importante», escribió Crouch en una carta de TBN para recaudar fondos en el 2011. «Dé con la plena esperanza del retorno glorioso que Jesús prometió. Una nota final: nombre su semilla —«sin deudas», «trabajo», «casa», «esposo», «esposa»— o lo que usted desea de Dios». Otra carta terminaba con estas palabras: «Sé que

los precios de la gasolina y casi todo lo demás han aumentado, pero recuerde las palabras de Jesús: “Dad y se os dará”». El mensaje no tiene nada de sutil. Un artículo en Los Angeles Times resume el enfoque de Crouch de esta manera:

El pastor Paul Crouch lo llama «economía del dar de Dios» y así es como funciona: las personas que donan a la Trinity Broadcasting Network de Crouch cosecharán las bendiciones financieras de un Dios agradecido. Mientras más den a TBN, más se les dará a ellos. Estar en la ruina o en deuda no es una excusa para no escribir un cheque. De hecho, es una oportunidad ideal, porque Dios es especialmente generoso con los que dan cuando menos pueden hacerlo. «Él le dará miles, cientos de miles», dijo Crouch a sus espectadores durante un teletón en noviembre pasado. «Él le dará millones y miles de millones de dólares».

Para Crouch y otros en la parte superior de esta pirámide, la teología de la prosperidad funciona a la perfección. Los espectadores envían miles de millones de dólares y cuando no hay retorno de la inversión, Dios es el único considerado responsable. O las personas que han enviado el dinero son las culpables de algún defecto en su fe que impidió que el codiciado milagro se materializara. La decepción, la frustración, la pobreza, la tristeza, la ira y en última instancia la incredulidad son los principales frutos de este tipo de enseñanza, pero las peticiones de dinero solo se vuelven más urgentes y las falsas promesas más exageradas.

Enmascarada con el lenguaje de la fe y la generosidad, toda la farsa es un ardid engañoso diseñado para aprovecharse del codicioso y estafar al desesperado. Se ha sustituido al Espíritu de Dios con un espíritu de fraude. A pesar de ello, tal mensaje de esperanza falsa sigue siendo muy popular y es fácil ver por qué: hay una promesa de bienestar físico, riquezas materiales y una vida que con facilidad apela a la carne. Se trata de pura carnalidad, no hay nada verdaderamente espiritual en ello.

Los predicadores de la prosperidad más moderados, como Joel Osteen, sazonan sus sermones con sutilezas y una sonrisa. No obstante, el mensaje de fondo sigue siendo el mismo: Dios está aquí para hacer que nuestros sueños se hagan realidad. Michael Horton lo resume así: «Osteen representa una variedad del deísmo terapéutico y moralizador que en versiones menos extremas parece caracterizar a buena parte de la religión popular en Norteamérica hoy. Básicamente, Dios está ahí para usted y su felicidad. Él tiene algunas reglas y principios para que usted consiga lo que quiere de la vida y, si los cumple, puede tener lo que desea. Solo declárela y la prosperidad vendrá». Desde una perspectiva de mercadeo, esta es una fórmula eficaz. Un cheque en blanco de promesas de salud y riquezas, mezclado con una vana dosis de pensamiento positivo y temas superficiales, puede aumentar la audiencia y vender libros. Sin embargo, todo es una estafa masiva y no tiene nada que ver con el cristianismo bíblico.

Al pregonar su evangelio de codicia, materialismo y promoción personal, los maestros de la Palabra de Fe han hecho carreras lucrativas a partir de una mala teología, respaldando sus falsas enseñanzas al torcer las Escrituras o reclamar una nueva revelación de Dios. Algunos van tan lejos como para afirmar que los creyentes son pequeños dioses que pueden pedir que sus deseos mundanos se hagan realidad. Paul Crouch respondió a sus detractores en la televisión nacional con estas palabras: «Yo soy un pequeño dios. Tengo su nombre. Soy uno con Dios. Estoy en una relación de pacto. Soy un pequeño dios. ¡Los críticos se esfumarán!». Kenneth Copeland les dijo de manera similar a sus oyentes: «Ustedes son todos dioses. ¡No tienen a Dios viviendo en ustedes, son uno! Ustedes son parte integral de Dios». Solo un adjetivo describe plenamente ese nivel de arrogancia blasfema: satánico (cp. Génesis 3.5).

Aunque se elevan a sí mismos al estatus divino, los maestros de la Palabra de Fe niegan a la vez la soberanía del verdadero Dios. Como Myles Munroe anunció a una audiencia de TBN: «¡Dios no puede hacer nada en la tierra sin el permiso de un ser humano!». Andrew Womack, cuyo programa de televisión The Gospel Truth se transmite diariamente en Trinity Broadcasting Network, insiste en que Dios perdió su autoridad en este mundo al delegársela a Adán y la raza humana. Como resultado, el Espíritu Santo no tenía poder para llevar a Jesús a la existencia física, de modo que se vio obligado a esperar hasta que los participantes humanos estuvieran dispuestos a hacer posible la encarnación al hablar las palabras correctas de fe.

En una emisión del año 2009, Womack les dijo a sus espectadores: «La razón por la que se necesitaron cuatro mil años para la venida de Jesús es porque llevó cuatro mil años que Dios encontrara suficientes personas que se rindieran a él, le hablaran y dijeran las palabras que había que decir, las palabras inspiradas de Dios, para crear ese cuerpo físico del Señor Jesús […] El Espíritu Santo tomó estas palabras y las impregnó en María».

Esta es una enseñanza herética, sin base alguna en las Escrituras. Viene directamente de la imaginación retorcida del que la proclama. Peor aún, insolentemente degrada al Espíritu Santo, como si Dios necesitara ayuda de los pecadores para enviar a su Hijo a este mundo.

Son muchos los ejemplos como estos. Lamentablemente, en el cada día más amplio movimiento carismático, tales atrocidades contra el Espíritu Santo no son la excepción, sino que se han convertido en la regla. Peter Masters describe con precisión esta tendencia:

Con rapidez increíble los carismáticos han ido de un exceso a otro, de modo que ahora nos enfrentamos a un escenario de total confusión. Muchos en la fraternidad carismática han acudido a ideas y prácticas que provienen directamente de las religiones paganas, y un gran número de jóvenes y creyentes impresionables han sido espiritualmente dañados en el proceso. Han surgido líderes sanadores que unen los trucos sutiles del hipnotizador teatral con técnicas ocultas antiguas en su búsqueda de resultados y multitudes que les sigan.

Cabe destacar que estas palabras fueron escritas hace más de dos décadas, casi al mismo tiempo que escribí Charismatic Chaos [Caos carismático]. Desde entonces, la situación ha empeorado de forma dramática.

 


Jhon McArthur, Fuego Extraño, Editorial Grupo Nelson. Página 24-28