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¿Es correcto que nosotros siendo partícipes del Nuevo Pacto, diezmemos? Es imposible que no tomemos en cuenta este tema del diezmo, puesto que en la doctrina carismática se ha hecho un énfasis exagerado enseñando erróneamente que Dios desea de los diezmos por encima de nuestra adoración, alabanza y obediencia a su Palabra.

Como portavoces de la sana doctrina de Jesucristo es nuestra esencial responsabilidad escudriñar las Escrituras a fin de conocer a nuestro Rey Soberano, y que por medio de su Santo Espíritu se nos revele la palabra fiel y verdadera que no ha cambiado ni cambiará por los siglos de los siglos.

Para poder ahondar este tema los dividiremos en varias secciones y así explicar cada punto:

  1. Diferencia entre diezmo y ofrenda.
  2. Referencia del diezmo antes de la ley de Moisés.
  3. Que dice la Ley de Moisés sobre el Diezmo.
    1. ¿Porqué y para qué se estableció el diezmo?
    2. ¿Quiénes diezmaban?
    3. Amonestaciones por no diezmar
  4. ¿Qué dice el Nuevo testamento sobre el Diezmo y las ofrendas?
    1. El diezmo en tiempo de Jesús
    2. Breve estudio sobre Hebreos 7: El Sacerdocio de Melquidec.
    3. Sobre las ofrendas.

Diferencia entre diezmo y ofrenda.

El diezmo y la ofrenda son dos términos que se usan en la biblia pero tienen propósitos diferentes, citaremos los que dice sobre cada uno de ellos:

Diezmo: Décima parte de la renta de una persona; se dedica a usos sagrados. Varias naciones de las Antigüedades lo practicaban, y era conocido por los patriarcas del Antiguo Testamento (Gn. 14: 20; 28: 10-22). La ley mosaica lo establecía sobre los frutos de la tierra y el ganado. (Lv. 27: 30-33; Nm. 18: 27). Era entregado en su totalidad a los levitas, para el sostén de ellos y el culto (Nm. 18:21-32; Dt. 12: 17-19, 22, 29; 14:22). Esta práctica decaía a veces, mereciendo amonestaciones (2 Cr. 31: 4-12; Mal. 3: 7-11), que solían ser oídas y obedecidas (2 Cr. 31: 11). El pago de diezmos continuaba en tiempo de Cristo (Lc. 11: 42; 18: 12; He. 7:5), pero no fue prescrito a los cristianos ni por Cristo ni por los apóstoles. Bajo la economía de la gracia se espera de todo creyente que aporte con corazón dispuesto «como propuse en su corazón: no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre» (2 Co. 9:7). El creyente es exhortado a dar no por una norma impuesta, sino presentándole el ejemplo de gracia del mismo Señor Jesucristo «que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico» (2 Co. 8:9). No es el diezmo del cristiano lo que corresponde al Señor, sino todo su ser, puesto que ha sido comprado «por precio» (1 Co. 6: 20; 7:23), y debe así venir a ser eficaz administrador de todo lo que el Señor ha puesto en sus manos para la gloria de Dios.1

Ofrenda: Las ofrendas, en un aspecto, se dividen en dos clases: las ofrendas de olor grato, presentadas por los adoradores, y las ofrendas por el pecado, presentadas por aquellos que habiendo pecado, tienen que ser restaurados a la posición de adoradores. Se debe tener muy presente que en estos sacrificios en Levíticos no se tipifica la redención. Estos sacrificios fueron dados a un pueblo ya redimido.2

Referencia del diezmo antes de la ley de Moisés.

El diezmo era una costumbre que tenía ya muchos años atrás de lo que la Biblia registra, y no solo fue una tradición de los pueblos israelitas, sino también de naciones paganas.

Aunque el diezmo como tal, se menciona antes de la Ley de Moisés, no se  lo toma en sí como un orden que fue dada por Dios, pues ambos casos que se nombran en el Libro de Génesis, fueron «ofrendas» que quisieron dar a Dios debido a sus obras excepcionales y misericordias.

Y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. (Génesis 14: 20) Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti. (Génesis 28: 22)

En el mundo antiguo, a menudo el diezmo era una forma de impuesto. Se pagaba diezmos al templo así como al rey. Como los ingresos y los bienes personales a menudo no eran en dinero, todo era incluido en el cálculo del diezmo, como indicó Jacob “De todo lo que me des”. Es claro que el diezmo de Jacob era voluntario y no impuesto y por lo tanto no podía ser asociado con ninguna clase de impuesto. No había templo ni sacerdocio en Betel, de modo que es posible preguntarse a quién daría Jacob este diezmo.  Es probable que previera que cualquier riqueza que consiguiera fuera en forma de rebaños y ganados. En tal caso, el diezmo estaría presentado por sacrificios a Betel.3

Estos versículos los usan para sustentar que el diezmo es todavía un compromiso que los cristianos debemos seguir cumpliendo con Dios, pues estos actos se realizaron mucho antes de la ley de Moisés.

Analizando el contexto que cada uno tiene, si bien es cierto ni Abraham ni Jacob los realizaron por orden o mandamiento, también es cierto que dichas ofrendas representan una adoración de hombres agradecidos hacia un Dios soberano y misericordioso; en ningún momento ellos lo hicieron con el afán de la prosperidad.

Que dice la Ley de Moisés sobre el Diezmo.

¿Porqué y para qué se estableció el diezmo?

De todas las tribus de Israel que fueron repartidas en la tierra prometida, los levitas no recibieron heredad, por lo tanto el diezmo sustentaba a la tribu que Dios escogió para administrar Su tabernáculo, ellos también debían dar el 10% de lo que habían recibido del pueblo y de esta manera las viudas, huérfanos y extranjeros también eran amparados.

Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren. (Deuteronomio 14:29)

Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión. (Números 18:21)

¿Quiénes diezmaban?

Indudablemente, era el pueblo de Israel que debía diezmar cada año, ya que fue a ellos los que Dios le ordenó este mandato.

Y cuando este edicto fue divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra; trajeron asimismo en abundancia los diezmos de todas las cosas. (2 Crónicas 31:5)

Amonestaciones por no diezmar

A lo largo de toda la escritura Dios amonesta una y otra vez a su pueblo por innumerables pecados cometidos contra su soberanía y mandatos.

¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. (Malaquías 3: 8-10)

Este versículo es el favorito de muchos pues «claramente» dice que no diezmar a Dios es un acto de robo contra Él, que no hacerlo sería atraer la ira de Dios sobre nosotros y por lo tanto no recibir ninguna bendición por parte de Él. ¿En qué momento Dios esperó primero recibir la ofrenda/sacrificio para ahí El bendecirnos? Encontrar una respuesta a esta a pregunta sería asegurar que es por nuestras obras que somos bendecidos y que de cierta manera sí nos «ganamos» las bendiciones.

¿Qué dice el Nuevo Testamento sobre el Diezmo y las ofrendas?

El diezmo en tiempo de Jesús

Puesto que aún no se había culminado el maravilloso acto de redención de Jesús hacia nosotros, viles pecadores; Él vivió conforme a la ley, cumpliéndola a cabalidad y exhortó fuertemente a maestros debido a que habían transformado la ley de Dios en viles transacciones, alejando aún más al hombre de la presencia de Dios.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. (Mateo 23:23)

Jesús, no acusó a los escribas y fariseos por diezmar, porque sabía perfectamente que era una ley establecida por Dios, lo que acusó fue el haber convertido el diezmo en simple religiosidad, olvidando complementa el amor hacia el prójimo, y el principio por el cual fue establecida la ley, ayudar a quienes lo necesitaban, los escribas habían convertido las ordenanzas de Dios en un negocio al punto que tenían un «mercado» a las puertas del templo (Mateo 21: 12).

Breve estudio sobre Hebreos 7: El Sacerdocio de Melquidec.

Melquisedec fue el sacerdote al que Abraham le dio el diezmo de todo el botín debido a que Dios entregó a sus manos a sus enemigos (Gn. 14: 20) y se compara el sacerdocio terrenal de él, con el eterno sacerdocio de Jesús, que es inmutable e inamovible. Él es la vida  misma.

Este capítulo es una hermosa revelación que Dios nos brinda, mostrándonos que el pacto que realizó con Israel, quedó abrogado, y que realizó un nuevo Pacto por medio de la sangre de sus Unigénito. La elección de Dios de otra clase de sacerdocio para su Hijo, dejando la línea levítica de lado, descartada para siempre, desechaba «el orden de Aarón». 4

El sacerdocio y la ley, por la cual no podía venir la perfección, quedan terminados; un Sacerdote se levanta, y se instala en una dispensación por la cual los creyentes verdaderos pueden ser perfeccionados. Claro es que hay ese cambio. La ley que hizo al sacerdocio levítico mostraba que los sacerdotes eran criaturas débiles, mortales, incapaces de salvar sus propias vidas, mucho menos podían salvar las almas de los que iban a ellos. Pero el Sumo Sacerdote de nuestra profesión tiene su oficio por el poder de la vida eterna que hay en Él; no solo para mantenerse vivo Él mismo, sino para dar vida eterna y espiritual a todos los que confían en su sacrificio e intercesión. – El mejor pacto, del cual Jesús fue el fiador, no es aquí contrastado con el pacto de obras por el cual todo transgresor queda bajo la maldición. Se distingue del pacto del Sinaí con Israel y la dispensación legal bajo la cual permaneció por largo tiempo la Iglesia. El pacto mejor puso a la Iglesia, y a todo creyente bajo una luz más clara, una libertad más perfecta y privilegios más abundantes. – En el orden de Aarón había una multitud de sacerdotes, sumos sacerdotes, uno tras otro, pero en el sacerdocio de Cristo hay solamente uno y Él mismo. Esta es la seguridad y la felicidad del creyente, que este Sumo Sacerdote eterno es capaz de salvar hasta lo sumo en todos los tiempos y en todos los casos.  Seguramente entonces nos conviene desear la espiritualidad y la santidad, mucho más allá de la de los creyentes del Antiguo Testamento, porque nuestras ventajas exceden a las de ellos. 5

Sobre las ofrendas.

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. (2 Corintios 9:7)

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. (Mateo 5:23-24)

En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. (1 Corintios 16:1)

Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno (Hechos 2: 44-45).

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional (Romanos 12: 1).

Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aún más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios (2 Corintios 8: 1-5).

Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. (Efesios 5:2)

Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer. (Hebreos 8:3)

CONCLUSIÓN

En Marcos 12: 41-44 se narra de una viuda que ofrendó todo lo que tenía, frente a las grandes ofrendas de quienes poseían dinero, pero aquí Jesús dejó muy en claro que a pesar de ser poco lo ofrendado a Dios le agradó más el acto de la viuda, porque lo hizo de corazón limpio.

Dios no pide más que nuestra obediencia, para Él esa es nuestra mayor ofrenda.

Dar lo que poseemos a Dios con la mentalidad de que si no lo hacemos no seremos bendecidos, es alegar que son nuestras obras las que contribuyen a nuestra salvación, que nos ayudan a que Dios nos bendiga, y esto es un error, Dios no pide más que nuestra obediencia, para Él esa es nuestra mayor ofrenda; los diezmos quedaron para el pueblo de Israel, las leyes ya quedaron obsoletas; tenemos un sacerdote que cumplió a cabalidad todas las leyes, algo que ningún hombre podrá hacer jamás.

No sirve de nada que ofrendemos o diezmemos si nuestras obras demuestran que estamos lejos de la Palabra de Dios, pues Él busca adoradores en Espíritu y Verdad, no quiere solo «oidores» Él desea «hacedores» de su palabra. Es por esta razón que los apostóles a pesar de ser judíos y conocer la ley, no la mandaron a ejecutar a los cristianos, porque entendieron que una vez venido lo perfecto, tal pacto dado en el Antiguo Testamento dejaría de ser. (Hebreos 8: 13)

 


[1] Villa-Escuaín (1985). Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado. Barcelona, España: CLIE. Pág.257.
[2] Villa-Escuaín (1985). Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado. Barcelona, España: CLIE. Pág.1033.
[3] (2004). Comentario del Contexto cultural de la Biblia Antiguo Testamento. El Paso, Texas: Mundo Hispano. Pág 54.
[4]  A.T. Robertson(2003). Comentario al texto Griego del Nuevo Testamento. Terrassa, Barcelona: CLIE. Pág 578.
[5]  Matthew Henry. Comentario de la Biblia Mathew Henry. Pág 1080.